El museo de las momias: una realidad que parece ficción

Fuentes: Adri Lagunes

Fuentes: Adri Lagunes

Los museos suelen estar destinados a conservar elementos del pasado que marcan hechos históricos. Existen museos para de diferentes categorías y todos nos muestran una visión de las personas, animales o cosas que nos antecedieron. Algunas inverosímiles.

Pero aunque no lo creas, existe un museo de personas que fueron enterradas con vidas.

En la ciudad de Guanajuato en México se encuentra el Museo de las Momias, que alberga 111 cadáveres, muchos de los cuales fueron victimas de una enfermedad llamada catalepsia que aparenta a la persona estar muerta sin estarlo. Muchos han sido enterrados con vida porque la catalepsia disminuye las pulsaciones del corazón a un nivel tan bajo que las máquinas no las pueden detectar.

Hoy en día la ciencia ha avanzado lo suficiente para determinar cuando una persona está realmente muerta, pero en aquellos tiempos y sin los elementos necesarios era difícil detectarlo, también en algunas culturas con menos oportunidades se pueden ver casos mucho más recientes.

Se tiende a confundir, porque no hay mucha diferencia entre un cuerpo sin vida y un cataleptico, lo peor de todo es que quien padece este estado escucha todo y es incapaz de mover sus extremidades. Por lo que la agonía y el suplicio cobran verdadero protagonismo en esta circunstancia tan escalofriante.

En el museo se pueden apreciar algunos cadáveres que al momento de mover sus fosas fueron encontrados en posturas estremecedoras y que al ser sometidos a una necropsia descubrieron que fallecieron después de ser enterrados.

La catalepsia ha generado inspiración en escritores como Edgar Allan Poe con el cuento ´´El entierro prematuro´´, en canciones como ´´catalepsia´´ de los mojarras del Perú, entre otros artistas, actores, guionistas… que recurrieron a esta experiencia cercana a la muerte para narrar una ficción.

Escapada cultural en Lisboa

Llevamos ya varios post hablando de museos nacionales y ahora en verano que tenemos más tiempo y viajamos más, ¿por qué no ampliar nuestras fronteras y conocer los museos del país vecino?

Lisboa, situada a unas seis horas de la capital en coche y a una hora en avión, tiene una amplia variedad de museos. Puede que no posea el “musée du Louvre” o el “British Museum”, pero Portugal es un país que cuenta con mucha historia y donde la encontramos representada es en los museos.

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Sebastián Rebolledo

Comenzaremos por dos que representan la esencia de la ciudad: El museo de fado y el museo Nacional del azulejo.

  • Museu Nacional do Azulejo: se trata de una galería que repasa la historia de la capital lusa desde el comienzo de esta técnica de decoración que surgió durante la ocupación árabe, hasta el siglo XX. Con 7.000 piezas expuestas, es el único dedicado al azulejo en el país. La entrada tiene un precio de 5€.
  • Museu do Fado: la conocida “saudade” portuguesa se refleja en su canto más famoso. En pleno corazón de Alfama, lugar donde nació, se encuentra situado este museo. Un repaso desde hace dos siglos hasta nuestros días es lo que podemos encontrar. Un museo muy premiado del que podrás disfrutar por 5€.

Por otro lado, otros de los “must have” culturales de la capital lusa pueden ser:

  • El museu Nacional de Arte Antigua: Este es el museo más importante del arte de los siglos XII a XIX que hay en Portugal. Sin duda esta pinacoteca recoge las más importantes obras nacionales, además de pintura europea.
  • Museu Calouste Gubelkian: Una curiosa colección formada por seis mil piezas recogidas por el señor Gulbenkian a lo largo de su vida. Y está formada por la sección de artes orientales y clásicas y por la del arte europeo.
  • Museo do Chiado: Cuenta con una colección de arte portuguesa que incluye piezas que van desde 1850 hasta los días de hoy.
  • El museu dos Coches: Situado en Belém y recientemente ampliado. Aquí se encuentra una amplia colección de carruajes antiguos.
  • Museu do Oriente: Sus colecciones de arte portuguesa y asiática representan los encuentros históricos entre Occidente y Oriente.
  • El museu Berardo: Reconocido museo a nivel mundial ya que permite conocer los principales movimientos artísticos del Siglo XX.
  • Museu del Palacio Nacional de Ajuda: Tras el terremoto que arrasó la capital lusa la familia real se trasladó a este palacio temporalmente, a pesar de ello este es un gran desconocido de los turistas que visitan la ciudad. Cinco siglos de historia se reúnen en este lugar.
  • Museu del diseño y de la moda: 1.200 piezas de alta costura, sin duda todo un joven –fue inaugurado en 2009, referente internacional situado en el corazón de Baixa: en la rua Augusta.
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José Pestana

Un país antiguo es igual a un país con mucha historia, y como consecuencia rico en cultura. Portugal lo es, y aunque sea un gran desconocido para nosotros -a pesar de encontrarnos a un paso- merece la pena descubrirlo.

 

Lo que Chema Madoz me enseñó

En los últimos dos días he pasado más tiempo en El Prado que en mi casa. Me planteé seriamente dedicarle un largo y concienzudo post al museo, uno en el que le diese las gracias por servirme de refugio en los días de lluvia, por provocarme una sonrisa y felicidad tan perennes y, por qué no, también en el que explicase mi descontento sobre su nueva exposición de los 10 Picasso del Kunstmuseum. Pero lo siento, hoy no va a ser ese día. Hoy quiero hablaros sobre una visita que hice hace un mes, a la Galería Elvira González en Madrid,  y que ha marcado un antes y un después en mi modo de leer el arte.

A pesar de la buena situación en General Castaños y que yo había quedado para ir a verla con unas amigas me perdí. Anduve desesperada por las callejuelas durante una hora hasta que, al fin, acudieron en mi busca. Unos pensarán que ésto no viene a cuento, quienes me conozcan ni les extrañará que me pasase, pero es necesario contarlo para entender como después del punto auge de agobio en el que me encontraba, en el que quería rendirme y volver a casa, llegué a la vieja casona restaurada y convertida en una radiante galería en el que ya, nada más entrar, su antiquísimo y extravagante ascensor te teletransportaba a uno de esos episodios de Velvet. En esos momentos podía haber salido Miguel Ángel Silvestres con sus exquisitas ropas y no me hubiese impresionado en absoluto.

Las lisas y  cándidas paredes sosteniendo las fotografías, en blanco y negro, de Chema Madoz me transmitieron una paz que apaciguó la angustia por la que acababa de pasar. Recuerdo que la primera fotografía en la que me fijé fue una avioneta con los cuatro puntos cardinales, que paradoja ¿verdad?.

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Las obras fotográficas de Chema Madoz me mostraron, por primera vez, un arte puro y reflexivo. Las imágenes estaban dispuestas por todo el establecimiento sin ningún acompañamiento: nada de títulos, textos discursivos ni frases entrecomilladas y en cursiva que quedan tan bonitas a la vez que bohemias. Chema Madoz da la oportunidad de obtener un pensamiento crítico, de un modo que su idea y lo que sintió él a la hora de hacer sus fotografías no coaccionen a la hora de tomar las tuyas propias.

Cada uno somos diferentes, personas influenciables que por más que luchemos no lograremos ser objetivos, porque hasta el más mínimo detalle de nuestra vida influye en la forma de verla. Por eso te aconsejo que ya sean las fotografías de Chema Madoz, como los cuadros de Picasso en el museo de El Prado las mires, por primera vez, sin saber que historia llevan detrás, porque solo de este modo descubrirás lo que te hace sentir de verdad.


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Voy a terminar con algo que me viene a la cabeza, una frase que Antoine de Saint-Exupéry coloca, muy acertado, en su más famosa obra, El Principito. Dice: “no se debe nunca escuchar a las flores. Sólo se las debe contemplar y oler. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no era capaz de alegrarme por ello”. Podría explicarla pero no quiero contradecirme, en vez de eso juguemos y que cada uno interprete.