Descubriendo El Prado

A pesar de ser uno de los museos más conocidos de Madrid e, incluso, de España, muy pocas personas saben los secretos mejor guardados de este museo de fama mundial. Un museo que recibe millones de visitas y que es, sin duda, una visita obligada para los turistas y, por supuesto, para los locales.

El nombre del Museo del Prado no le viene de casualidad. A pesar de que en sus inicios llegó a ser conocido como el Museo Real de las pinturas o el Museo Nacional de Pintura o Escultura, la presión popular propicio el cambio de nombre. Así paso a llamarse, Museo del Prado, con motivo de que estaba colocado en el prado de los Jerónimos, pegado al Monasterio de los Jerónimos.

Como ya hemos dicho, es uno de los museos más conocidos, pero la realidad es que no es de los más visitados del mundo. Sigue siendo el más visitado de España, pero su afluencia no supera los 2.900.000 visitantes. Y el factor que más influye, sin duda, en este punto es el precio tan elevado de la entrada, 14 euros la entrada general. Sin embargo, durante las dos últimas horas del día, de lunes a domingo, su entrada es gratuita.

Es de creencia popular que El Prado ardió en el siglo XIX, según publicó Mariano de Cavia en El Liberal. Pero la realidad es bien distinta. Esta noticia fue falsa, un toque de atención al Estado, que había ido descuidando el estado del museo. Los trabajadores habían llegado a instalarse en su interior, donde vivían y realizaban hogueras. Tras este “aviso” , el gobierno comenzó las reformas y su cuidado.

Ha tenido distintos directores que fueron famosos pintores, como es el caso de Madrazo, Gisbert o Picasso. En caso de este último, a pesar de ostentar tal cargo, nunca llego a ejercerlo. Se conoce que el artista presumía de ser el director de tal importante museo, pero la realidad es que Manuel Azaña nombró a un director desaparecido. Sin embargo, tras está relacion, el pintor decidió que donde se vería por primera vez una de sus cuadros más importantes sería ese museo de Madrid. El Guernica.

Goya ocupa la mayor parte de su espacio. Con 152 obras el artista esta representado en El Prado en la mayor parte de sus paredes, con sus pinturas más importantes colgadas en ellas. Motivo por el que se cree que la figura de Goya que se encuentra fuera mirando hacia la fachada.

El verdadero tesoro está escondido, ya que la riqueza de El Prado reside en su interior. Los cálculos son claros, más de 1000 obras son admiradas por sus visitantes, pero en sus entrañas se encuentran guardadas hasta 8600. Obras entre las que destacan una extensa colección de cuadros de Velázquez y el Greco, entre otros. Una de las obras que hace poco se descubrió es la Otra Gioconda, que estuvo escondida hasta 2012.

Sin título

También ha sufrido varios ataques, como el caso más cercado de 2004, donde un hombre se acercó al museo con pintura y huevos para atacar la fachada y los cuadros, pero pudo ser detenido antes de que entrará con la huevera. Años atrás, se conoce el caso del ladrón que no llegó a robar nada, pues en su intento se precipitó desde el tejado, quedando herido.

Lo que Chema Madoz me enseñó

En los últimos dos días he pasado más tiempo en El Prado que en mi casa. Me planteé seriamente dedicarle un largo y concienzudo post al museo, uno en el que le diese las gracias por servirme de refugio en los días de lluvia, por provocarme una sonrisa y felicidad tan perennes y, por qué no, también en el que explicase mi descontento sobre su nueva exposición de los 10 Picasso del Kunstmuseum. Pero lo siento, hoy no va a ser ese día. Hoy quiero hablaros sobre una visita que hice hace un mes, a la Galería Elvira González en Madrid,  y que ha marcado un antes y un después en mi modo de leer el arte.

A pesar de la buena situación en General Castaños y que yo había quedado para ir a verla con unas amigas me perdí. Anduve desesperada por las callejuelas durante una hora hasta que, al fin, acudieron en mi busca. Unos pensarán que ésto no viene a cuento, quienes me conozcan ni les extrañará que me pasase, pero es necesario contarlo para entender como después del punto auge de agobio en el que me encontraba, en el que quería rendirme y volver a casa, llegué a la vieja casona restaurada y convertida en una radiante galería en el que ya, nada más entrar, su antiquísimo y extravagante ascensor te teletransportaba a uno de esos episodios de Velvet. En esos momentos podía haber salido Miguel Ángel Silvestres con sus exquisitas ropas y no me hubiese impresionado en absoluto.

Las lisas y  cándidas paredes sosteniendo las fotografías, en blanco y negro, de Chema Madoz me transmitieron una paz que apaciguó la angustia por la que acababa de pasar. Recuerdo que la primera fotografía en la que me fijé fue una avioneta con los cuatro puntos cardinales, que paradoja ¿verdad?.

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Las obras fotográficas de Chema Madoz me mostraron, por primera vez, un arte puro y reflexivo. Las imágenes estaban dispuestas por todo el establecimiento sin ningún acompañamiento: nada de títulos, textos discursivos ni frases entrecomilladas y en cursiva que quedan tan bonitas a la vez que bohemias. Chema Madoz da la oportunidad de obtener un pensamiento crítico, de un modo que su idea y lo que sintió él a la hora de hacer sus fotografías no coaccionen a la hora de tomar las tuyas propias.

Cada uno somos diferentes, personas influenciables que por más que luchemos no lograremos ser objetivos, porque hasta el más mínimo detalle de nuestra vida influye en la forma de verla. Por eso te aconsejo que ya sean las fotografías de Chema Madoz, como los cuadros de Picasso en el museo de El Prado las mires, por primera vez, sin saber que historia llevan detrás, porque solo de este modo descubrirás lo que te hace sentir de verdad.


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Voy a terminar con algo que me viene a la cabeza, una frase que Antoine de Saint-Exupéry coloca, muy acertado, en su más famosa obra, El Principito. Dice: “no se debe nunca escuchar a las flores. Sólo se las debe contemplar y oler. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no era capaz de alegrarme por ello”. Podría explicarla pero no quiero contradecirme, en vez de eso juguemos y que cada uno interprete.